Estallando contra el gris de los pilaresEn granos de arena,
Que insondablemente pululan por el éter de voces de un turista o dos,
Granos de arena inmiscuyéndose en cada recóndito lugar,
Donde todos contemplan un mar helado,
Pero brillantemente sonriente, entre cada hola.
Se reproducen los huéspedes en el verde que bordea
El luminoso polvo que acaricia el muelle.
Y cuando todavía es temprano,
Y todos siguen anclados en su paz
Frente al infinito azul,
Se clava la esfera blanca en un firmamento solido,
Ni muy tarde ni muy temprano,
Y son dos astros que simultáneamente,
Siembran la calma,
Para que llegue el final de otro comienzo nocturno.
Y quedo me solo con mi corazón retumbante,
Que es un suspiro sónico ante el estruendo de la corriente que golpea,
Infinitamente continua,
y se perpetúa nuevamente en Pinamar.